Tengo que mandar curriculums. No puedo, no me sale, no me representan... títulos, premios, cursos. Me siento con el mate a ver qué me pasa.
Resulta que "curriculum" en latín es carrera, lucha e inclusive el carro de carrera... (mis runas le dicen a esto Teiwaz, Ehwaz e incluso Raido). Pero yo quiero disfrutar, no pelear. Justo el colibrí que me visita en las siestas saluda en la bignonia de mi patio. Y eso no entra en un curriculum...
Prefiero ratio vitae o itineris vitae, camino de vida o de dónde vengo.
Mejor aún: gratia vitae, un agradecimiento de lo vivido y aprendido, con la formalidad de dar a conocer (maestras, maestros, compañeros, compañeras y andanzas), pero redactado bajo los títulos "Agradecimientos".
Poner por ejemplo, gracias a Liliana Fenoy que me enseñó -de nuevo- el alma entre las letras muertas de la psicología más académica, que usó los resaltadores amarillos en la hospitalidad y en las preguntas útiles (¿cómo vivir juntos?), en la comunidad en ¿qué querés?.
Poner también, gracias a esa viejisima Elcira que me curó el empacho de chica y le gustaba escuchar Juan luis Guerra y las burbujas de amor. Y que un día me enseñó.
Gracias a Marcia Verón, tan blanda y tan severa por hacerle honor a Marte, el planeta que le pusieron en el nombre, que me acompañó a descubrir cómo soy en casa propia, cómo limpio, ordeno y organizo mi casa, mis días, una nueva vida.
Y seguir...
Gracias a Gaia (María, Silvia y Laura), que me enseñaron a buscar otros modos de mover el alma. Que hay más de una vía en el camino de la expresión, que todas valen (mucho), que todas curan, que nomás hay que ponerse en movimiento... y en movimiento el alma se expresa.
Gracias a Laura Pallero que me mostró los efectos de abundancia y paz de un trabajo conciente con uno mismo, que fue limpiando con su existencia mis ojos para ver frecuencias más claras, que con mirada de hermana acompaña y comparte los caminos con amor y aceptación.
Gracias a Lorella Secco y su familia, con quienes pude vivir que encontrarse es compartir, que nos podemos acompañar, que en los momentos más difíciles, brillan también las luces más intensas, que siempre siempre se sorprende grandisimamente por los milagros, y siempre siempre los descubre como por primera vez.
Gracias a Fabricio Giordano por ser fiel a ese dulce sentimiento, a sí mismo, por buscar maneras y encontrarlas, por la belleza, por instarme a sostener la conciencia y hacer de tantos momentos de mis primeros encuentros y grupos, algo mágico.

Gracias Sol y Mauri por las noches, la creatividad, las salidas, los amigos, el canal, los encuentros, por compartir tanto. Gracias Casa Ural y los hermosos seres que la habitaron, recorrieron, cuidaron. Por lo cotidiano y lo extraordinario, por la música, por la belleza, por la hospitalidad y el té siempre dispuestos, por los espacios, por las interrupciones, por el gran gran aguante, por cada ensayo, por cada serenata, cada brindis, cada asado y cada tonada. Por crecer y seguir cada uno su camino. Por abrir otros caminos para mí. Gracias a Loreley por ser tan duenda, por abrir la magia de las lunas y las runas, y acompañarme a descubrir el mundo de perth en mis días estudiantes. Gracias Felicitas por ser La Voz de La Luna y acompañar todo en ese tiempo. Gracias Andrés por la gratitud sincopada, por ser espejo y compañero, por la guitarra, las comidas, las visitas y algunas cosas más.
Gracias a la Familia Benegas, por alimentar espacios familiares nuevos y distintos a los míos, por la paciencia, por la tolerancia, por la generosidad, por los espacios, por ser aire fresco de tantas maneras en mi vida y por las cosas que elegí aprender desde el dolor, también.
Gracias a la Familia Simón por el Amor, por las tardes de chocolatada y películas, por los desayunos de madrugada, por el refugio, por la intimidad, por la guía espiritual, por la amistad, por la compañía del alma.
Gracias a Marité, -la profe de Psicología del Magisterio- por tener la actitud de escucha y paciencia que quedó germinando, llamando por unos años hasta que me decidí a seguirla.
Gracias a Jose Luis Irazola, por la impecabilidad de su trabajo, por las horas en su diván, por la calma, el ejemplo, la técnica, la risa, la maestría, por el tino, por toda la experiencia curativa...
Gracias Hugo Goro por enseñarme a dar un lugar en el alma a cada cosa, y un orden al amor.
Gracias Charly por tanto, por el lugar en tu vida, por el amor, por crecer juntos, por acompañar mis días y mis noches, mis penas y alegrías, mi paz y mi impaciencia. Por dejarme acompañarte, por incluirme, por darme, por recibirme. Por lo aprendido y enseñado, por ser como eras, por la constancia, las siestas. Por siempre darme tu mano. Por cada momento de felicidad, por los ritmos. Gracias familia Pereira por el lugar que me dieron, por cada mimo, cada regalo, cada mate, cada almuerzo.

Gracias a mi mamá, Juani, por todo el amor, por cada uno de los ejercicios de vida que hizo y hace. Por el yoga en el garage, por la escuela de verano y la comida casera, por las mil respuestas a las mil preguntas, por los abrazos, los mimos, los masajes. Por sacarme los piojos y mostrarme las estrellas, por los baños de luna, los flanes caseros, las artes de jardinería, el helado patalín. Por acompañarme, llevarme y traerme a las mil y un clases de teatro, pintura, flauta, gimnasia, guitarra, inglés, italiano, ingreso, computación, órgano, flamenco, cerámica, periodismo, abogacía, patín, natación... Por los consejos, por la manera de despertarme en las mañanas, por hacer "campanas" para protegerme, por compartirme con Mirtha, por los cumpleaños, por hacer la pastafrola y las tortas, por enseñarme a cocinar, por darle un lugar a nuestros mayores en la familia, por hacer de nuestra casa un lugar bello. Por mucho más...
Gracias a mi Papá, Miguel Ángel, por amarme como "la luz de sus ojos", por llevarme de la mano hasta la heladería Perín cada fin de semana, por el dulce de leche y los alfajores Bagley al volver del trabajo, por mostrarme saberes, por cantar y la música para la vida, las letras de trova y el paseo por Cuba, los libros, los viajes, los cuentos, los paseos de los sábados por la mañana y los kilos de helado como premio, por sostener cada paso de mi vida con la abundancia que produce su esfuerzo. Por la honestidad, la claridad y los consejos. Por ser su propio maestro, por ser maestro de otros, por la excelencia y la disciplina, por los horarios y las reglas, por movilizarme por su amor (y mi Edipo) a ser mejor mujer, por aflojar sus estructuras (al menos conmigo) cuando pateo el tablero, por amarme a su manera como soy, por las charlas en Sevilla, por que me dejó acompañarlo la vez que lloró. Por el tango, Serrat, Silvio y otras músicas. Por lo simple y claro, por la honestidad y el honor. Por ver a Dios en la entropía.
Gracias a mi hermano, su mujer y mi sobrina, a los primos y primas.
Gracias a Maximiliano y Catalina por ser ejemplo de amor incondicional, de pareja en conección con la tierra, de vida en la que el tiempo es arte, de a dos, en compañía por más de 50 años.
Gracias a Vitto y Guillermina, por hacer lo que supieron hacer, por la valentía de ser como eran, de no cumplir con todo lo estatuído, por ser abuelos en la infancia, por ser padres de mi madre. Gracias Valentín y Cecilia por las vibraciones que aún me llegan de sus almas, por los alimentos y las construcciones. Gracias a todos los mayores de mi sangre, de mis genes, a cada pareja y cada grupo por anteceder y guiar los pasos, por ser los grandes ahora después de haber sido chicos, por las herencias, los saberes, los caminos, por todo lo que de ustedes vibre en mí. De ustedes tomo lo bueno, de ustedes la fuerza de la vida buscando vivir.
Gracias a todos los amores y amigas y amigos... por la bendición de su amor y su amistad, dándole luz siempre a mi vida. Gracias a los compañeros del alma, a quienes saben mostrarme lo que no veo y los que saben compartir lo que miran, los que quieren mis miradas y los que miran lo que miro. Gracias a todos los compañeros de tantos viajes, de este que es uno solo, el viaje de la vida.
A Maria Paula y Berna Vazquez, Mariel, Juliana, Liber, Mati, Andrés, Cristian, Maria Ines, Lorena F., Vicky, César, Fabio Della Sala (alquimista), Rober Bouzon (trasgo)
Gracias por ser tan
hermos@s y familiares: Amapola Daguerre, Adrian Mazzieri, Jimena Palá, Alejandro Sánchez, Julieta Laparra, Lucas Morales, Anita Fuentes, Sophie Terral, Luisina Fachin, Laurita Pallero, Emiliano Adler, Pato Rojo, Javi Bautista, Sandra Segal, Lorella Secco, Jorge...
Gracias a Paula Guzmán y sus papás Ángel y Norma y por darme cada uno la opción de encontrar y compartir maneras de ser tan lindas.
Gracias a todos los pacientes de mis prácticas y mis trabajos, por ser maestros, por darme la posibilidad de crecer con ellos, de entrar en su mundo y en su intimidad, por los regalos, por las palabras, por escuchar, por sanar, por mostrarme el proceso maravilloso que va de la intencion de estar bien al milagro de disfrutar un poco más cada día. Gracias a todos los supervisores, jefas, y compañeras por ayudarme a aprender.
Y por hoy dejo a medias, muy a medias, quizá a cuartos este Gratia Vitae...
Porque -gracias a la Vida-... la gratitud es infinita, como el amor, como las bendiciones que tuve y tengo. Ahora sí, voy a mandar esos bytes que son puro título... antes, dentro y delante de los cuales está esta Gratitud.
y gracias a mí (y todo lo que hay de otros en mí).
(foto de cristal de agua luego de pronunciarle las palabras Gratitud y Amor)