enemiga. Hay pequeñas muertes para que la vida pulse. Hay un pequeño espacio sin aireen cada respiración, hay un momento en que se detienen los signos vitales en un buenorgasmo, hay un umbral que se abre y parece muerte en un parto.Pero no nos hablan de eso. La vida es anciana y joven, adulta y sabia, grande,siempre más grande que todo. La vida es la grande, nosotros los hijos, los pequeños,invitados a veces, con mucho honor a ser sus canales, a abrirnos y que esa fuerza dé aluz a otro ser. O ayude a dar a luz a otro ser. O ayude a preparar un mundo vital dondeotros seres lleguen y la vida los esté esperando. La vida, que posee a quien deseasexualmente, posee a quien engendra y posee a quien va a parir parece un festín. Y lo
es… o lo sería, si nos permitimos darle ese lugar trascendental.
Un parto es un portal, un parto es una iniciación. Muchas mujeres sabias lo handicho, lo han sentido, lo saben en el latir de sus úteros y en los litros de leche que luego brotaron de sus tetas. No serás la misma, morirá una y renacerá de la mano de otras, delas madres que te susurrarán todo lo que necesites saber, cada duda vendrá acompañadade una certeza, cada temor vendrá acompañado de un registro ancestral de todas las
mujeres que pasaron por ese portal, de todos los hombres que las “sembraron” para que
así sea con su propia vitalidad.Todas las mujeres son a imagen y semejanza de la fuerza universal que las mueve,de los brazos de la galaxia girando sobre un centro oscuro y poderoso, quieto einterdimensional. Todas las mujeres pariendo son la perla azul con un manto de aguasque se mueven y masajean abrazando la nueva vida, despertándola para brotar, para buscar un nuevo estatus, y hacerse hombres y mujeres de barro, hijos e hijas de la tierra,
“simples mortales” que desentrañarán los
misterios de la vidamuertevida una vez más,tomando sus decisiones con el enorme regalo de ser parte de la vida.Y, en ese
estado mágico, tribal, grandioso… llegamos a buscar la asistencia del
sistema, para embarazarnos, para saber qué hay que saber si ya hay una galaxiaconcebida en nuestro útero, para aprender a parir y guiar esa vida. En ese caldohormonal, con lenguajes sutiles y aromas exquisitos, llegamos a un lugar y empiezan amedirnos, a contarnos los días, a decirnos que el saber no está en nosotrxs sino en loslibros que ellos escribieron y leyeron y en las experiencias que ellos tuvieron.Cuando quieren tratarnos bien, nos infantilizan, dándonos órdenes en diminutivo
“quédate quietita” “si te seguís moviendo te vas a caer de la camilla”… y pareciera que
la conexión con el pulso de la vida
–
que sigue latiendo más presente que nunca-hubiera sido desactivada. La infantilización de la madre no es aleatoria, esdesempoderante, ellos tienen miedo a la muerte. El sistema médico, legal, social buscaun ser pasivo paciente, donde se controle lo que se pueda, de esa vida infinita que no leteme a la muerte, que la conoce y danza con ella. Ellos necesitan que hagas lo que ellosdicen, ellos necesitan conocer exactamente el alcance de cada una de sus acciones. Yquien está en contacto con la vida, es además empáticx: hombres y mujeresembarazados entienden que ellos están haciendo su mejor esfuerzo con sus miedos,entienden que tenemos que trabajar juntos para que el sistema nos incluya, entiendenque ese ser que nacerá necesita estar incluido en un sistema más grande, como parte dela propuesta que hacemos al invitarlo a la vida y porque no nos educaron para eso, nos
cuesta decir “No, gracias.”
¿Y si fuera la Vida a través nuestro la que habla?
“
Querés que te pongamos ungoteo, para acelerarte el parto?
”“
No, gracias tengo miles de años esperando estemomento, puedo esperar unas horas más.
”“
¿Querés que te rompamos la bolsa para que puedas salir de ahí, bebé?
”“
No, gracias, llevo muchas generaciones preparando miaparato biológico para nacer, voy a seguir intentando hasta que lo logre.
”“
¿Querés que