Los primeros años de mi vida los pase junto al fuego de la cocina de mi madre y de mi abuela viendo como estas sabias mujeres al entrar al recinto sagrado de la cocina, se convertían en sacerdotizas, en grandes alquimistas q jugaban con el agua, el aire, el fuego, la tierra, lo scuatro elementos que conforman la razón de SER del universo. Lo más sorprendente es que lo hacían de la manera mas HUMILDE, como si no estuvieran haciendo nada, como si estuvieran transformando el mundo a través del poder purificador del fuego.
Es inminente la llegada de una nueva revolución. Esta consistirá en la recuperación de nuestros ritos, de nuestras ceremonias en el establecimiento de una nueva relación con la tierra, con el universo, con lo sagrado. Es ahí, al rededor del fuego donde surgirá el nuevo hombre como resultado de una labor en pareja. Será un ser que valorará los pequeños actos realizados en la intimidad de su verdadera dimensión y trascendencia, porque entenderá que sus actos están transformando.
De pronto, quise recorrer nuevamente el camino andado para hacer un recuento de los grandes logros obtenidos, pero también para rescatar las cosas esenciales que las mujeres habíamos perdido en el camino. Compartir con todo el mundo mis dudas y mi experiencia culinaria, amorosa, cósmica... y escribí Como agua para chocolate, que no es sino el reflejo de todo lo que soy como mujer, como esposa, como madre, como hija. En este renglón y hablando de seres en equilibrio, es necesario mencionar a un ser muy importante en mi vida al que también le debo lo que soy: a mi padre. De él aprendí la risa, la ternura, el placer por el juego y la creación, la independencia, la generosidad. El amor y respeto que siento por él me han permitido establecer una buena relación con el mundo masculino y es gracias a su maravillosa imagen que en mi obra hay un equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Aquí me van a perdonar el atrevimiento, pero pienso que ¡realmente las mujeres somos muy afortunadas de que en el mundo existan los hombres! Los dioses son muy sabios y si los crearon fue por algo: Por la misma razón que crearon el Sol y la Luna. La luz y la oscuridad. El águila y la serpiente. Para ser el complemento ideal y gracias al cual se nos permite alcanzar la gloria.
Laura Esquivel - En torno al Fuego
Gracias Celeste