Ven a mí, ahora que nadie nos ve,
ahora que lo verde de este maléfico jardín
entró en la austeridad anónima de una noche de verano.
Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo,
la luna no se cambiará con colores ultrajantes
ni habrá metamorfosis dañinas.
Nadie verá que tú vienes a mí, ni siquiera yo,
pues yo ya estoy muy lejos,
yo ya estoy en otro mundo,
amándote con una furia que no imaginas...

“Pero ¿donde podemos encontrar una mujer que se equipare a Shiva en espíritu y fuerza?” exclamó Brahma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario