Nuevas fuentes revelaron el posible origen de las hadas. Hasta el momento la ciencia de la comarca no había podido develar si nacían de un capullo, de una crisálida, o de una semilla con cáscara -como las nueces-. Recientes investigaciones parecen demostrar que las hadas son flores que transmutan en hadas a partir del mismo proceso alquímico según el cual los humanos transmutan en ángeles: un estado de éxtasis amoroso.
Aparentemente las flores cumplen pasivamente su destino de belleza y perfume hasta el momento en que algún ser libador toma suavemente su dulzura -de la cual no eran concientes hasta ese preciso instante-. El ser libador se retira volando -como es la costumbre de los seres libadores- y la flor, en perfecto estado de éxtasis amoroso ha acumulado la energía necesaria para hacer crecer sus alas. Las mismas en principio cumplen la función de reencontrarse con el amante. Luego la flor-hada ve la rama que ha dejado y toma conciencia de su nuevo estado y categoría energética sutil.
Una teoría a partir de este hallazgo, plantea que la polinización y -por lo tanto- la transformación en fruto ocurriría si el hada encuentra al ser libador en cuestión y se consuma nuevamente el amor, esta vez: un amor alado, al lado (o sea: juntos). Si esta teoría se confirmara, el amor y las alas producirían la multiplicación de estas especies, ya que a partir de la unión de un ser libador y una flor se producirían: alas, un fruto y un hada. El fruto delicioso cumple el ciclo ya conocido, cayendo a tierra o en la panza feliz de los comarqueños, y el hada se dedica a tareas mágicas varias, siempre bienvenidas. Las alas permiten los encuentros.


“Pero ¿donde podemos encontrar una mujer que se equipare a Shiva en espíritu y fuerza?” exclamó Brahma.
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